En la sección de trascendidos de Cancha, el famoso San Cadilla. Nuevamente mencionaron un problema frecuente entre la plantilla de Rayados (y no nomás de Rayados aclarando). Los festejos hasta altas horas de la madrugada de Carlos Ochoa, el Tripa Pérez y el Chícharo González en conocido antro de San Pedro.
Cabe añadir que el que esté libre de culpa que lance la primera piedra. A nadie se le puede prohíbir un rato de esparcimiento.
El problema es cuando la situación es recurrente en un grupo y el esparcimiento deriva en baja de rendimiento y en accidentes como los muy publicitados de Luis Ernesto Pérez.
Jóvenes en la flor de sus veintitantos años tienen derecho a reunirse y festejar sanamente y con medida pero también deben estar conscientes de que son personajes públicos que estarán en la mira de los medios.
También deben saber que desveladas y festejos de ese tipo pasan factura en sus capacidades físicas en un momento muy importante para el Monterrey. O despegan o siguen sumidos en la mediocridad.
Esta salida nocturna, aunque estén en su derecho, es muy inoportuna. El próximo duelo ante el Puebla luce muy complicado por las ausencias con las que acudirán los Rayados. La concentración deberá aplicarse al máximo. Ya habrá tiempo de festejar con posterioridad cuando los buenos resultados sucedan.
Hay que situar este incidente en su justa proporción y no es para cortarse las venas pero es un aviso de que por ahí no es el camino.
Espero que se cuiden estos aspectos. Hay otras maneras menos ‘polémicas’ de integración del grupo.
Ya que rompan la racha infame de no ganar de visitante entonces festejan (e invitan).












