A la pasión no le pesan los años
Todos nos quedamos con el agradable sabor que nos dejó el golazo de Wílliam Paredes que nos hizo olvidar como empezó la jugada.
El gran Cabrito la agarró por su banda y sorprendió con una caracoleada en media cancha llevándose a tres rojinegros en ‘horizontal’ en dirección a la banda izquierda. Cacha el gigante lo acompañó en la jugada, lo apoyó y le pasó a Wílliam, quien tras recorrer un buen tramo libre preparó el impresionante zurdazo de más de 30 metros que salvó el partido.
Y esa no fue la única del Cabrito, le puso un bombón a Robert De Pinho a los meros pies que se le enredaron de la sorpresa de la exactitud con que le llegó y la regó gacho, que mal se vio en la recepción de ese envío que era medio gol.
Una sola pifia se le vio cuando se le fue el balón por equivocado lado tras el excelente pase que le dio Suazo que era para gol, pero antes y después fue el hombre que más líos les causo a los rojinegros del Atlas.
Por lo demás les dio una cátedra a absolutamente todos de lo que es jugar al máximo nivel por la camiseta Rayada.
Y eso que está lesionado.
Vaya un aplauso más al legendario Jesús Arellano, al Gran Cabrito, capitán y símbolo de la grandeza Rayada.
PD: Cacha el gigante también se la rajó como los meros buenos pero no le llegó al Cabrito, el Rayado más talentoso en este apurado empate.












