El recuento de los daños

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A tres días del atraco, ya que se asentaron los polvos y el humo del explosivo encuentro del sábado se puede hacer una recapitulación más serena de la última edición del Clásico.

Un Clásico en el que la actuación de los 28 jugadores y los 2 técnicos indebidamente pasó a un segundo plano y el protagonismo lo usurpó el árbitro.

El futbol es el deporte más hermoso y popular del planeta pero sólo algunos pocos ilusos ingenuos no se han dado cuenta que de deporte formativo pasó primero a ser un espectáculo de masas y finalmente a convertirse en un negocio que mueve miles de millones de dólares por todo el mundo.

Pero todo ese tinglado multimillonario se sigue basando en lo primordial, en lo ‘popular’, en los aficionados que seguimos día a día, semana a semana, año con año las peripecias y altibajos de los distintos equipos regados por todo el orbe.

Por eso lo que pasó el sábado atenta contra lo fundamental de este deporte-espectáculo-negocio: la credibilidad. ¿Vale la pena perder tiempo, dinero y esfuerzo en un deporte en el que en principio gana el mejor pero al final lo decide el peor?

Porque después de lo sucedido el análisis del desempeño deportivo de los 2 equipos pasa a un segundo plano y se pasa a cuestionar lo que debería ser incuestionable. La justicia en la ‘justa’ futbolística.

Después del coraje de días, más serenamente me vino una reflexión: En este negocio multimillonario donde las tajadas de ese pastelote se reparten principalmente entre dueños y medios de comunicación (principalmente cadenas de televisión).

Luego los jugadores son los que siguen en la fila de ese baño de oro. Y los técnicos se están revalorando cada vez más. Los últimos de la cola, los mendigos que reciben diminutas migajas de ese inmenso banquete son los árbitros. ¡Y son los encargados de administrar la justicia!

Y todo este millonario show futbolero depende de un pobre infeliz muerto de hambre con un silbato.

En el futbol se mueven millones de dólares en apuestas y el hilo más delgado, el eslabón más débil, el más menesteroso —el árbitro— acaba siendo el más poderoso. Con un solo soplido de su silbato puede cambiar a placer cualquier cotejo más rápido que Zidane.

Los tres partidos mas relevantes y con mayor audiencia del Monterrey en los últimos 3 años se han visto afectados por desastrosas decisiones arbitrales. ¿Casualidad?

La final de ida en Toluca estropeada por Alcalá, la vuelta en el Tec destruida por el Chiquidrácula y el tan esperado duelo La Volpe-Lapuente del sábado echada a perder por DelgaPillo.

En estos 3 encuentros (muy importantes para Rayados) se dieron más pifias arbitrales que en los otros 77 partidos. Repito ¿casualidad? ¿Porqué nada más en las más importantes y con más rating?

La Comisión de Arbitraje debe ser reestructurada y profesionalizada. Y lo más importante, los árbitros deben recibir un sueldo de acuerdo al nivel que perciben jugadores y técnicos.

O les dan ‘legalmente’ una rebanada buena del pastel (y no migajas) o la van a tomar ellos (ya la están tomando).

Debe tomarse en cuenta las millonarias sumas que están juego en partidos de esta importancia.

El organismo presidido por Aarón Padilla debe darse cuenta de la vital responsabilidad que depende del hombre del silbato que designen para impartir justicia en partidos con esta relevancia.

El Estadio Tecnológico contaba con una limpísima trayectoria y tiene fama de ser uno de los más seguros de todo el país. Sin incidentes graves en su interior durante años. Y llega un irresponsable y en 5 minutos lo convirtió en un polvorín con sus desaciertos. Poniendo en peligro vidas humanas.

Y no me refiero a que ‘tuerza’ la justicia para ‘evitar’ peligros. No, simplemente que imparta justicia lo mejor que pueda. Y que reciba una remuneración adecuada.

Y los enfrentamientos con heridos ni siquiera fueron entre las vituperadas barras. Fueron aficionados ‘normales’ incapaces de contener la indignación y la furia provocada por las malas decisiones del silbante. Fueron 5 minutos en los que de milagro no hubo algo más grave que lamentar.

¿A quién se le ocurre mandar a un partido tan candente y peligroso a un árbitro que venía de armar un desastre en el Atlante-San Luis? ¿Al famoso ‘ordenador’ que dizque designa a los silbantes? ¿Van a esperar hasta que haya un muerto por culpa de una mala decisión arbitral para cambiar el sistema?

Porque ni a la mafia de las apuestas le conviene que se decidan partidos de manera tan escandalosa. Van a matar a la gallina de los huevos de oro.

Y esto será todo lo que diga respecto al malhadado Clásico del sábado pasado.

A lo que sigue: San Luis.

Comentarios

  1. Raztecatl dice:

    Duro y a la cabeza mi amigo, como siempre.

    Tengo que decir en defensa del mentado “ordenador” sí existe, tuve oportunidad de platicar con unos colegas que trabajaban en la FEMEXFUT y ellos tuvieron algo que ver en el desarrollo del software para este dichoso servidor, pero como cualquier sistema, puede ser corrompible o alterado, sino pregúntenle a HILDEBRANDO.

    Saludos y a lo que sigue, San Luis luce más complejo que Tigres.

  2. Renegon dice:

    No máster …simplemente realista …así es el pedo …así es el juego.
    …no hay que ser ilusos. Que digan que seguimos como Rayados.

    A pesar de las evidencias de que todo es una gran farsa. Haz de cuenta la Lucha libre.

  3. Renegon dice:

    Y si existe el ordenador ¿porqué duró el infame Chiquidrácula 2 años sin pitar en el Tec?

  4. Raztecatl dice:

    Jajaja, la lucha libre… tienes razón.

    Buena pregunta… ahí está la prueba que sí se puede manipular la base de datos.

    Cualquier sistema tiene excepciones, y es ahí cuando comienzan las fallas y las desviaciones de lo que inicialmente se deseaba hacer.

    Te lo digo por experiencia.

    Un abrazo hermano.