Yo veía mucho fútbol desde hacía meses, jugaba mucho a la pelota en mi casa, escuchaba los partidos por Radio, XEFB era la estación que los transmitía en ese entonces, yo escuchaba emocionadísimo a Roberto Hernandez Junior narrar los partidos de los dos equipos de la ciudad, sin embargo siempre sentí una inusual atracción por los de azul y blanco, aunque tengo que confesar que mi color preferido siempre ha sido y será el amarillo.
Una buena tarde de aquel verano de 1977, mi padre Don Luciano Martinez Macareno, que Dios lo tenga en su Santa Gloría, decidió llevarme al estadio Universitario a ver mi primer partido de Fútbol en vivo, yo estaba más que emocionado, no cabía de felicidad, el simple hecho de pensar en la excursión a la casa de renta de la Pandilla Rayada del Cerro de la Silla, no me dejó dormir bien los dos días anteriores.
La verdad no recuerdo la fecha exacta, ojala y algún día la pudiera tener. Mi papá trabajaba como portero en el Estadio Universitario, además de su trabajo como jefe de Producción, compañero íntimo de Don Galleto ( je, je ). Así es que no fue difícil conseguir entrar a aquel monstruo….
A Primera vista el monstruo que tantas veces había visto por fuera quedó ante mis ojos, maravillado, extasiado, me senté en la salida del túnel principal de lo que hoy es la zona cara del Uni, los VIP Palcos, estuve ahí media hora o cuarenta minutos admirando aquella belleza, para un niño de 5 años…. Fue maravilloso.
Después comencé a caminar entre los pasillos, las butacas, observaba aquello que solo en T.V. había visto, al poco rato llegó mi papá y me dijo vente, vamos a aquel lado, WOW, al lado de Sol a donde solo los valientes o los bravos van. Caminamos a través del estacionamiento por fuera del estadio hasta la puerta principal de Sol, hoy preferente numerado, y me tocó admirar el estadio por el otro lado, por el ángulo contrario a la T.V.
Estuve un rato por ahí, otro rato por los baños, otro rato en las escaleras, y fue entonces que comencé a ver como la gente entraba al estadio, el público, la raza, el monstruo de mil cabezas, como me divertía ver a la gente llegar, todos ilusionados, felices, con la piel rayada, porque antes no había tanta camiseta rayada, era la piel la que uno llevaba al estadio.
Poco a poco el estadio se fue llenando, poco a poco era más difícil caminar, mi papá de vez en cuando me daba una llamada de atención, “no te vayas tan lejos”, me decía, pero obvio no le hacía caso, 10 minutos antes de que comenzara el encuentro, me tomó de la mano y me dice, vente, viniste a ver Fútbol ¡¿no?!.
Me dejó encargado con un “Cheve”, amigo de él, que raro, “cheve” y papá, dos palabras que pensé nunca estaban juntas.. (jaja! chiste local).
Salió el equipo visitante…
Continuará…












