Rubén Romeo Corbo Burmia nació en Uruguay el 20 de enero de 1952. Jugó en el Peñarol de 1971 a 1974, dándose el caso de que compartió playera con su hermano el portero Wálter Corbo (segundo arquero de la selección uruguaya en México 70). Debutó con el seleccionado charrúa el 8 de febrero de 1971 con la que jugó 22 partidos y le tocó asistir al Mundial de Alemania de 1974.
Llegó al Monterrey en 1974 para integrarse al considerado por muchos el mejor equipo rayado de todos los tiempos armado por el inolvidable Alberto Santos. Con el número 11 ese habilidoso zurdo se adueñó de la parcela izquierda desde que llegó para no soltarla hasta su salida en 1980.
En aquel Monterrey abundaron los cracks pero de los cuatro que más destacaron en mi opinión personal el mejor fue el Pato Corbo. A los otros tres algún defecto se les puede señalar: Bertocchi no era muy rápido. Milton no destacaba por su conducción del balón, Guaracy se pasaba de pacífico pero Rubén Romeo Corbo lo tenía todo: rapidez, fuerza, potencia y habilidad.

Era rapidísimo y con una conducción de balón legendaria, podía driblar al que le pusieran por enfrente. Aparte tenía un toque de bola muy certero, sus pases eran milimétricos y todo eso coronado por una contundencia letal (se llegó a aventar 20 goles en un solo torneo) y de pilón era un excelente rematador de cabeza. Es el tercer mejor goleador del Monterrey de todos los tiempos con 68 anotaciones, una menos que Milton Carlos (segundo mejor ariete rayado).
Digno representante de la legendaria garra charrúa era de una pasión desbordada, no se le rajaba a nadie, era broncudísimo. Recuerdo a un lateral asesino del León de los setenta Arturo Razo (eran dos hermanos Arturo y Daniel, a cual más de rudos y temibles), pues con Corbo no pudo. El Pato se crecía en los partidos importantes. Es de los mejores anotadores del Monterrey en liguillas. En un solo partido, el 21 de julio de 1976, le metió 3 goles al Cruz Azul, para eliminar 5-1 en el Universitario a aquella Máquina Celeste de Marín, Quintano, el Kalimán, Mendizabal, Bustos y López Salgado.
Cuando salió del Monterrey en 1980 toda una era se cerró tras su partida.
Junto con Bertocchi regresó en 1998 y lo primero que hicieron fue ir al Hotel Monterrey (donde pasaron su primera noche en la ciudad), al Círculo Mercantil donde solían entrenar, para finalizar en el Estadio Universitario escenario de sus hazañas. «Esto es como un sueño» le dijo a César Vargas. Y así como un sueño vino y se fue el mejor extremo izquierdo que jamás haya portado el número 11 de la camiseta albiazul.
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