
Se ha comentado en algunos post sobre la pregunta de qué si tenemos, equipo y seguidores –no soy textual- una predisposición genética al fracaso (rayadocomotu) y quisiera comentar que el amor a los rayados no cambia, pero la visión y la manera de vivir el fútbol con las Rayas si tiene particularidades generacionales que si existiera esa genética, es claro que las condiciones aprendidas por el paso de los años van modificando esa estructura colectiva de los seguidores del Monterrey.
Es decir, vamos evolucionando, ya les comentaba en algún post pasado que la vida futbolera me había enseñado a no cantar la victoria hasta el minuto 100, es decir, ya que todo hubiese concluido y que los jugadores y árbitros ya estuvieran en las regaderas.
Algunas características generacionales más del cómo vivíamos nuestra pasión eran: apoyar en el estadio era estar sentado, con nuestras semillitas, comentando el partido con el vecino, de repente una jugada y nos levantábamos, de vez en cuando una “a la vivo al lavabo a la bim bom ba”, después otra vez sentados, gol, de pie y algunos lanzamientos de líquidos (no precisaré los contenidos), se oyen las trompetas y tambores de la porra del Chino Medina, se acaba el partido, aplausos o murmuraciones dependiendo del resultado. Las mentadas al árbitro siempre han existido. Los seguidores tigres, eran nuestros cuasi hermanos, choteo, burla, cierta rivalidad, pero muy tranquilo.
Perdíamos, no calificábamos, perdíamos los partidos importantes, dos o tres fantasmas del descenso…..pero, ¿De verdad queríamos ser campeones? ¿Era un deseo irresistible? ¿Era una búsqueda inquebrantable?
Por más que busco en el pasado no se a ciencia cierta responder a estas preguntas, no es cómo ahora, éramos más sencillos, nos satisfacía lo suficiente la familia, nuestros logros en el trabajo y el fútbol era una diversión indispensable sin tomar en demasiada cuenta el logro final. No era conformismo ni “fracasismo”, es cómo cuándo llevo a jugar a mi hija, me gusta verla jugar, que le eche ganas, que sea sana, que se divierta, que busque ganar pero en buena ley, y al último y lo menos importante es el resultado, en fin.
Las nuevas generaciones aportan (y se lee en los compañeros que aquí escriben) la actitud y la férrea voluntad que un club sin campeonatos, es un club más, del montón.
Me gusta esa actitud y deseo que en este proceso evolutivo se tome lo mejor de cada generación y podamos decir que el Monterrey es grande por sus campeonatos, por su gente, y por lo que genera –más allá de lo económico- en esta amada y sufrida ciudad.
Vamos contra el América, a ganar.
Toño De Nigris ya ha aportado a este renovado gen Rayado: el amor a la camiseta, la lucha incansable y la voluntad de ser el mejor. Gracias Tano por hacernos crecer.












