El tema de la salida de Chupete el domingo pasado, junto a la actitúd similar asumida por Osvaldo Martínez siguen siendo temas que poco asimilamos como espectadores del futbol. La calificación sobre la reacción de estos jugadores claramente es reprobable y digna de atención para que no se repita, más tampoco puede distraernos del objetivo primordial ahora que estamos a punto de jugar una final.
Como si fueran muchas las finales que disputamos y los campeonatos celebrados, hoy algunos espacios deportivos siguen atendiendo un momento de rabia de parte del jugador más talentoso del equipo: Humberto Suazo. A lo largo de la estancia del Chupete en Rayados poco a poco hemos visto su actuar como profesional y transformación de aquel jugador con ganas de renunciar al reto en el 2007 al pilar del ataque hoy a punto de terminar el 2009. Sus goles, jugadas, entrega y sacrificio nos han tenido que cambiar la imagen que grabó producto de una primera impresión (que hay que decir que siempre pesa mucho) y hoy no tanto perdonarle su actitúd sino el saber corregirla para el crecimiento de nuestros colores. Al final los jugadores vienen se van y lo que solo queda en nosotros son los recuerdos, y esperemos los títulos.
Para muchos de mi generación es imborrable la imagen del 93, cuando teniendo uno de los más ricos Rayados de nuestra historia (Careca, Ruiz Diaz, Tabares, Luis Hernandez, Guameru García, Misael Espinoza.. si alguien complementa la lista notarán el gran plantel que se tenía) no logramos salir con un título que se tenía ganado desde la primera vuelta. Lo más lamentable fue sin duda el manejo de las crísis de este grupo que un técnico como Hugo Hernandez no pudo resolver y lejos de esto termino en una división de vestidor y el cortarle una pierna al equipo para el logro del objetivo común: Campeonar.
Este recuerdo del 93 nos deja claro que quién debe tener mayor prudencia es sin duda el técnico, dejando de lado las poses de agraviado u ofendido y adoptando ese liderazgo que integra al grupo y que sabe encauzar una discusión como la evidenciada el fin pasado. ¿Que si las cosas se quedarán así como las vimos por televisión? Lo menos recomendable sería dejar que las cosas tomen un cauce natural, más sería aún peor mostrar revancha y juicios públicos para ajustar cuentas.
Con toda seguridad la medida más inteligente y efectiva para reparar este asunto no saldrá a la vista de quienes estamos fuera del grupo. Ya que ahí adentro en la intimidad de los que si juegan y definen sus carreras es donde se debe trabajar, sin aspavientos ni fanfarronerías, para que el jueves que salgan a la cancha el gol sea el mejor regenerador de las heridas causadas.
Tal vez a muchos nos gustaría ver siempre camaradería en la consecusión de un objetivo y caras de alegría, yo veo con buenos ojos el que todo el grupo esté con la adrenalina al tope, señal que se sabe lo que se disputa. Para todo el plantel el lograr el título significa bienestar en sus carreras y perspectivas a corto plazo sin dejar de lado lo económico, por esto las tensiones derivadas de esto que se juega son a veces explosivas o desbordadas.
Hoy más que nunca debe el equipo estar unido hacia un objetivo, y el técnico consiente en tener a todos al 100%, con más razón su jugador más desequilibrante, y no caer en lo que aquel técnico postizo del 93 que por su torpeza y falso orgullo dejo escapar la oportunidad de lograr un título. Yo estoy seguro que el más arrepentido de no haber unido a estos jugadores relegados (Misael, Guameru) es este mismo técnico, y no haberse dado cuenta que era el quien dependía más de ellos y no en el otro sentido. La carrera de Misael y Gauameru siguió brillando, y la de Hugo Hernandez, pues solo la recordamos en esa humillante final.
Como lo hemos repetido, confiamos en que Victor Vucetich tiene suficiente inteligencia emocional para ver lo importante en este tipo de instancias, dejando de lado asuntos que deben resolverse sin afectar lo primero.
foto / femexfut.org.mx












