Ver esos próximos 90 minutos serán aún más difíciles para quienes vamos al estadio, la sensación de no estar presente, en comunión con la porra y hasta sin el ambiente en vivo hace que verlo solo por TV sentir que estamos atados de brazos. Sabemos que como aficionados no jugamos, que si así fuera tal vez ya nuestra camiseta tuviera todas las estrellas posibles, pero esa es la magia del fútbol haciendonos vivir dentro del juego.
Esta final es diferente, existe la ilusión, pero también la prudencia y conciencia de que en este como en cualquier deporte y actividad de la vida se gana y se pierde. Hoy Rayados tiene que afinar detalles que creíamos ya superados como los balones por aire. Nada más acertado que las declaraciones de Nicolas Navarro descubriendo las fallas que todo mundo comentamos sobre Jonathan y que poco se había trabajado por resolver; su posicionamiento y salidas. Como todo proceso de cambio hay momentos de avance como los vistos contra América y Toluca, en donde satisfactoriamente Rayados pareció resolver estas fallas ya bien enquistadas. Pero también hay momentos de retroceso en el camino a mejorar, que pudieran ser originados tanto por la confianza ya hecha de un problema que se piensa resuelto definitivamente como por el poder del rival que se enfrenta.
Para cualquiera de los motivos por los que sufrimos ese primer tiempo, hoy estamos bien avisados sobre las áreas de oportunidad a trabajar y cuidar por los próximos 90 minutos de juego. No podemos solo cargar la responsabilidad al portero sino hacer partícipe a todo el equipo de proteger ese flanco. Comenzando con los atacantes y su sacrificio para frenar avances, siguiendo con la media y la recuperación que ayudará mucho y terminando con una defensa que procure no regalar faltas en ese perímetro que alimenta los balones por aire. Al final Jonathan Orozco deberá de estar ahí para tapar aquello que no pudo ser resuelto y ayudado por el equipo completo.
¿Como salir a jugar? El partido de vuelta contra América y Toluca marcan una pista de lo que deben procurar y tener como antídoto para un rival en desventaja. América nos perdonó ante una cierta incapacidad nuestra por contrarrestarlos, pero contra Toluca fue satisfactoria la forma en que Rayados pudo preocupar desde el inicio del juego y de esta manera evitar que el rival te tapara por completo.
Vucetich tiene claro que los primeros 20 minutos son de vital importancia aguantarlos ante un seguro bombardeo e intención cruz azulina por empatar. Sobre todo por que aún guardamos en nuestro gen algunos momentos de desconcentración al arrancar los partidos, el pánico y temor a jugar en la capital del país. Se ha ido superando mentalmente esa predisposición genética a no lograr objetivos (por cualquiera de las formas), principalmente por el convencimiento de los jugadores sobre un sistema y sus variantes conforme avanza el encuentro. Esa confianza sobre lo que se ha practicado desde casi un año prevalecerá, junto con la preparación mental a esas intervenciones arbitrales que en apariencia nos puedan afectar.
Este equipo tiene una oportunidad de alcanzar no solo un título, sino de adoptar un nuevo gen, el de un equipo maduro y concentrado. Tengo la confianza que así será y que nuestra historia se va reeditando.
Vamos Rayados, estamos orgullosos de ustedes, gracias por esta temporada y por enseñarnos de lo que está hecho este equipo. Corazón y madurez, pasión y sensatez, prudencia y ambición.
Ilusionado pero no confiado. Vamos a dar todo lo que somos por estos próximos 90 minutos.
Va por Toño y sus tardes de emoción, por Luis Aguilé y ese himno que tantos disfrutamos, por la ciudad, y porque estos jugadores merecen estar en nuestra historia con letras de oro.












