“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.”
-Martin Luther King
Mis palabras ahora son como un rezo en medio de una selva negra y vacía. No me preocupa que no sean escuchadas pues de antemano sé, gritar para tus adentros no es la mejor forma de comunicar las cosas. La verdad es que cuando uno ora ya existe alguien que escucha nuestras jaculatorias, incluso antes de que éstas lleguen a nuestra cabeza. El problema no radica en que tanto Dios escucha nuestros gritos -o susurros, dependiendo de que tan bien te lleves con él- el problema está más bien en que tanto estamos dispuestos a buscarlo o sí es el quien tiene que llamar nuestra atención de alguna forma u otra.
Las intenciones de éste individuo que ahora les escribe frente a un monitor haciendo uso de estas 105 teclas (algunas más aprovechadas que otras) no son con tintes religiosos, mucho menos con deseos de hacerles creer en alguien que no necesita de ustedes para seguir amándolos, pero es evidentemente imposible dejar de lado a Dios cuando el tema gira en torno a la sutileza y la fragilidad que la muerte crea en cada uno de nosotros. Cito la primera frase que en mi mente se anidó desde que tengo uso de razón, misma que puede ser utilizada en cualquier momento de nuestras vidas. Sea bueno o malo. De triunfo o derrota. Dolor o alegría. Bienvenida o despedida. Campeonato o descenso. El señor es mi pastor, Nada me faltará.
Nacemos sabiendo pocas cosas. Una de ellas es que llegará el día en el que el último suspiro de nuestro ser, forzosamente se despertará. Desde que nacemos comenzamos a morir.
Lo ocurrido el día sábado en ésta nuestra comunidad -ya tan nuestra como de esos cobardes- es sólo un episodio más de una novela, la cuál no parece tener fin. Y miren que ya bastante cansados estamos de leerla. Cinco personas muertas y más de 20 lesionados es el saldo que dejó la trágica noche en la que los intocables fueron otros, justo como suelen ser hoy en día esas personas a las cuales mi alma les ruega un poco de sensibilidad humana a sabiendas de que aún y leyéndome, nada harán al respecto consigo mismo, ni con su forma de llevar la vida. Y no, no me equivoque de foro al tocar éste tema, o talvez sí, pero eso que importa ahora. Esos cinco hermanos nuestros tampoco creo se hayan equivocado al estar allí en la escena errónea en el momento erróneo y sin embargo… bueno, ya conocemos la historia. No hizo falta la puntería. Murieron en torno al terror que hoy en día nos acompaña y que con el adiós de estas personas, no nos abandonará.
Hoy nuestro sol regio tiene dos espaldas menos a quienes entregarles su calidez y, en paralelo con ello como queriendo reponer la pérdida, la hermandad rayada ganó en el cielo a dos gargantas que desde allí alentarán a estos soldados nuestros que con altura o sin altura, con goles o sin goles, con Val Baiano o sin Val Baiano, son nuestro orgullo. No hay nada que yo pueda escribir capaz de reponer la pérdida que los familiares de estos dos rayados sufrieron, pero sí espero generar al menos una oración más para proporcionarles un descanso eterno.
Para mí es muy difícil tocar este tema en estos momentos de mi vida pues no hace mucho tiempo el luto acompañó a mi estilo de vida; sin embargo, la muerte de un HERMANO RAYADO (lo pongo en letras grandes y con mayúsculas pues eso es lo que somos desde que decidimos hacer de esta playera nuestro estandarte diario) no puede quedar en el olvido, menos una que viene por partida doble y en circunstancias bastante lamentables.
Esto a raíz de lo que en el post anterior @Rayado_porsiempre nos hizo el favor de exponer al respecto. Comenta y comenta bien que como hermanos rayados que somos, unirnos de una u otra forma ante la lamentable situación es ipso fácticamente imperioso. Al respecto de su observación solo me quedaría agregar que un minuto de silencio o de aplausos no son tan buenos como una plegaria en silencio, en la intimidad de nuestro hogar o en la compañía de nuestros seres queridos. Allí, donde solo te escucha quien sabe escuchar.
La comunidad rayada, al menos la que corresponde a este grupo de bloggistas que humildemente entrega un poco de lo mucho que ustedes merecen como lectores y afición albiazul que son, se une a la pena de toda la ciudad que con la pérdida de estas personas se generó. Y sobre todo se une a la pena de esta hermandad rayada que en los momentos más dolorosos, es cuando menos deja de alentar.
Descanso eterno a sus almas y pronta resignación a los que aquí se quedaron sufriendo por un mal que en esta ciudad, se niega a morir.
Esta vez no hay un Dale campeón, Pues tengo que reconocer, no hay fiesta, ni BI, ni liguilla, mucho menos alegría cuando cosas en verdad importantes se plasman ante nuestros ojos.
Descansen en paz nuestros hermanos rayados…
Twitter: @_pedroluna_
FOTO| Geradikto












