Casi un mes ha pasado de aquel día en el que nada fue lo que debió ser. El súper líder cayó ante el octavo y sobre todo cayó ante las ganas de no respetar su cartel de favorito siéndole fiel a esa historia que no nos permite ser llamados grandes. Cuatro Semanas que a pesar de durar los mismos siete días que las otras 48 del calendario, son tan largas a falta de un fútbol digno de ocasionarme frustración, alegría, miedo y gratitud, todo en una misma jugada.
Tantas cosas se dicen y casi nada puede considerarse Real. Al menos no hasta que el primer minuto de juego caiga ante nuestros ojos con esa magia que solo el fútbol posee. Rumores, regresos que unos añoran otros desprecian. Firmas que no llegan. Estadios que aún no inician. Todo se dice, nada se confirma. Hermetismo característico de una directiva bonachona con quien no debería y misteriosa ante una afición que mendiga un respeto ganado desde hace mucho.
Chupete vuelve. Chupete no vuelve. Directiva tacaña que no me trae contrataciones interesantes en éste mercado de piernas. Directiva que ahora está forjando un camino hacia la grandeza respetando la cantera y respaldando al cuadro base. Guille déjate de sueños guajiros que nos confirman ya eres mexicano, toma ésta camiseta que ahora te espera con una estrella más y una marca ya digna de ti. Guille no vuelvas, no te necesitamos tanto como tú a nosotros. Tantas opiniones, tantas contradicciones y todas ellas a causa de una misma enfermedad: un amor incondicional al club de fútbol Monterrey.
Suelo no entender muchas cosas. Y entiendo mucho menos cuando la penuria de verte jugar corre por mis venas como suele correr por esa banda izquierda un Nery Cardozo ávido de Gloria, triunfo y un contrato Rayado. La necesidad nunca es sinónimo de desesperación, a menos que seas rayado y hayas estado acostumbrado a fútbol sin cortes comerciales ni largas y largas pretemporadas. Pretemporadas en las que lo más cercano al tecnológico es el mismo tecnológico, pero sin 22 hombres detrás de un balón, como si éste tuviera dentro de sí la cura de todos los males.
Ahora veo a hermanos Rayados asustados por la misma historia de cada verano en la que nuestros vecinos arreglan su vida a billetazos, demostrándonos una vez más que ésta parte del año los corona campeones. No teman, si el fútbol fuera así de simple, no provocaría todo esto que ahora estimula en cada uno de nosotros.
Poco que decir pues se me van las palabras a falta de un inspirador inspirado Walter Ayoví. Divo como muchos, Todo terreno como pocos. No hay mantas que cargar, ni avalanchas que esquivar. No hay fútbol ni Ruta 1 para abordar.
No se quien espera a quien. Si es esa vieja cancha de Borregos prestada quien espera por mí para verme brincar y gritar o soy yo quien espera postrarse frente a la Inmortal puerta 14. No se quien espera a quien. Lo único que sé es que la espera es casi tan larga como los medios tiempos de una final.
Los rutinarios fines de semana lo son aún más pues, aquella parte de mí que me hacía olvidarme de casi todo durante Dos horas, ahora sólo es un áspero recuerdo que un huracán se llevó y que a duras penas pretende regresarme el día 24 de un Julio cálido y mundialista. Muy cálido y aún más mundialista. Me pongo la verde, pero sin quitarme la de Rayas. Esa señores, la llevo tatuada.
Suelo no entender muchas cosas. Y entiendo mucho menos cuando tú no estás jugando.
¡Dale Monterrey!
Twitter: @_pedroluna_
Foto | Geradikto












