19 de agosto de 1945. El mundo sumergido en una cruda moral a raíz del hecho más violento que el hombre ha visto, se subyuga a un llanto que ni siquiera el verano puede secar con sus días áridos y caniculares. 42 países, cinco océanos y 55 millones de familias fueron testigos cercanos de aquello que ahora se describe como el reflejo perfecto del ser humano para manifestar su imperfección.
19 de agosto de 1945. Dios, como queriendo recompensarle al mundo todo dolor creado a raíz de esos seis años recientes inmersos en la guerra, erige en nuestra ciudad beisbolera (gracias a unos exitosos industriales) lo que ahora es sinónimo de pasión, tendencia a deidades y razón de incontables satisfacciones: El club de futbol Monterrey. Empezó así, sencillo como su raza y ambicioso como sus sueños. En silencio, justo así como su grandeza se sigue escondiendo para todo aquel que no osa tener el privilegio de amar estos colores. Así comienza la historia de esto que para muchos al día de hoy, no entendemos qué de bueno hemos hecho para merecer éste amor tan estúpidamente irresistible.
Si todo fuera tan fácil como hablar de historia, la vida se resumiría a solo averiguar lo que ya otros vivieron. No es el caso del Club de Futbol Monterrey. No de un tiempo acá. Los Rayados ahora son un proyecto a largo plazo, haciendo efectivos esos que a corto, se vuelven una placentera realidad.
Hablarles de la historia del club sería casi como ponerles un enlace directo a wikipedia; y es que, aunque no deja de ser tentadora la oferta de leer todo aquello que a lo largo de los años se ha creado en torno a nuestro club, no pretendo traicionar mi formato. Prefiero limitarme a escribir solo de ese pedazo de mí que nació primero que yo, pero que estaba destinado a formar parte de mi presente no sólo en los buenos momentos si no también y sobre todo, entregándome noches horrorosas, tardes de seis a uno en contra, semifinales y finales perdidas, torneos de 14 puntos…
Es fácil ser Rayado cuando Suazo protege la delantera y a todo cuanto en ella exista y es más fácil ser Rayado cuando el equipo desconoce la derrota pero ¿Cuántos de nosotros no hemos perdido cabelleras, sor juanas, comidas y hasta el orgullo a raíz de una mala tarde en el tec?
Aquel que ya haya olvidado los sábados con Mizrahi, las deudas de Jorge Lankenau, y los eternos 41 y 17 respectivos años sin gloria transformada en una copa, no merece siquiera prender la computadora los sábados a las 7 (diría la tele, pero la realidad me lo impide). Malditos aquellos que solo están en las buenas porque es en las malas donde el cariño se forja, como el hierro solo en el calor puede fundir. Malditos aquellos que creen el futbol existe en la liguilla y el Monterrey solo en la Macro Plaza después de un campeonato. Malditos aquellos porque se pierden de lo verdaderamente gozoso. Lo demás es solo un complemento a la pasión.
Monterrey es más que Tres estrellas, un súper liderato y 11 titulares. Monterrey es la exaltación de saberse mortales pero no comunes. El deseo de saberse exitosos pero no soberbios. La locura de saberse aficionados pero no fanáticos. La alegría de saberse neoloneses pero no tigres. Club de Futbol Monterrey más que una elección es una virtud porque gracias a ello 90 minutos a la semana pueden sortear nuestro estado de ánimo. Un riesgo que la mayor parte de las veces vale la pena. Monterrey es la alegría de una comunidad. Club de futbol Monterrey es ardor que no abandona. Locura que no sana. Éxito que no sacia. Bendiciones que no acaban.
Monterrey es un festejo y hoy con 65 años de historia me dirijo a cada uno de esos afortunados que son Rayados a pesar de los campeonatos y los buenos momentos. Felicidades a cada Rayado de esos de pocos puntos porque son los que en verdad aman. ¿Qué de gloria hay en el amar cuando se te corresponde?
Felicidades al club de Futbol Monterrey y sobre todo felicidades a cada pedazo que hace real esa existencia. El Mar no estaría completo si le faltara alguna sola de sus gotas y este mar, tiene gotas de a madre.
Twitter: @_pedroluna_
Foto| Geradikto












