Un gobernador que ni en su casa lo quieren. Un alcalde que ya ni me acuerdo como se llama. Un cerro de la Silla que ya no basta para resguardar a la ciudad y madres de familia bendiciendo a sus hijos dos, tres y hasta cuatro veces por la mañana para ver si así consiguen que surta efecto el padre, el hijo y el espíritu santo y con ello lograr repeler a cuanto demonio osase acercársele en beneficio de la maldad. Esto es Monterrey. Una localidad que dejó de respirar paz y ahora suspira esperanza. Una metrópoli que se cansó de buscar un nuevo horizonte y ahora se esconde ante el primer ruido que pareciere una detonación. Una capital donde el miedo ya no es una actitud si no un estado. Un pueblo que ya no es pueblo. Un lugar educado que ya solo es un lugar. Ésta es nuestra ciudad.
Y de pronto como queriendo exigirle al planeta la gloria que de a poco va perdiendo nuestro municipio, aparece entre el ITESM y el teatro Luis Elizondo un equipo con 65 años de historia y los mismos de tradición. Forjándose con el calor de la canícula y la calidez de la afición, una plantilla pintada de azul y blanco –tal vez para camuflajearse con el cielo- toma un tren hacia Japón para encontrarse con la historia. Para encontrarse con los grandes. Para encontrarse con el fútbol. Sus paradas están marcadas: Costa Rica, Seattle y Honduras aguardan por ellos como quien ansia la llegada de quien prometió regreso. Se sabe de algún par de detenciones más que forzosamente tendrán que hacerse y aunque la duda rige al momento de querer saber de que pueblos se tratan, la historia nos marca una tendencia a visitar tierras mexicanas. Torreón, Toluca y Distrito Federal ansían sentir tus pies sobre su tierra. Tus sueños sobre sus realidades.
Es verdad, se falló en la primer cita con la historia al actuar como novio crudo en cita amorosa de domingo por la mañana, pero como buen amante estás de regreso; tal vez ahora con una dama que es más fea que la sudaca libertadora, pero en honor a la verdad añoro decir que ésta nueva pretendienta, ofrece algo que ni las estrellas en el pecho ganadas a pulso en México, ni los sueños rotos y arañados por CONMEBOL jamás te darán: Una cita entre los grandes del mundo. Allí donde pocos llegan y aún más pocos se quedan. Un tren hacia Japón te espera y un pueblo con ganas de recuperar identidad te dice adiós desde el andén agitando sus pañuelos blancos. Sus trapos azules.
Anda y ve a recuperar lo que por necesidad nos pertenece. Lo que por convicción protegeremos. El combustible sácalo de quien defienda tu playera. Las fuerzas de tu raza, amedrentada por la inseguridad pero hecha para triunfar. Nacida para vencer. Forjada para andar. Andar. Andar. Anda y ve, que la altura ya no te perseguirá y Televisa aquí no tendrá poder pues no hay fuerza alguna que detenga lo que a gotas se ha formado y que de pronto pareciese una marea que envuelve toda la región.
Tómate tu tiempo que diciembre del 2011 no está a la vuelta de la esquina y si requieres irte a 10 km/h en esta ruta hacia la grandeza, que importa si los pasajeros dormitamos entre estación y estación. Que importa si en el camino algún peregrino hace más pesada la carga. Que importa si en el trayecto algún traidor solicita bajarse y no volver. Que importa.
Un tren con rumbo a Japón parte desde una ciudad que se esconde para no ser vista por miedo a que le traguen de poco a poco, pero el mundo ya le reconoció. Tierra de Eloy Cavazos. Orgullo de Alfonso Reyes. Un lugar que perdió su identidad pero no su nombre. Un lugar que perdió valor pero no coraje. Un lugar llamado Monterrey.
A Jaime Elías y Fernando García Botello. Porque el término “hermano rayado” jamás tuvo mejor definición. Un abrazo hasta sus respectivos países…
Twitter: @_pedroluna_
FOTO| Geradikto












