Rayados: Nuestra historia vive

Hoy vamos al Estadio Tecnológico cargados de ilusiones. Al momento de entrar por el túnel, el césped verde y el inconfundible olor a chorizo uruguayo nos hacen saber que estamos en casa. Miramos las tribunas repletas de hinchas enfundados en playeras albiazules. Cantamos, gritamos, saltamos, y nos olvidamos de todo por noventa minutos. Es un bálsamo, una alegría que no cabe en el pecho, un camino que aprendimos a cruzar con orgullo gracias a quienes lo trazaron antes de que tú y yo naciéramos.

Una noche mágica se vivió en el Auditorio del Museo de Historia Mexicana. De la mano de Jorge Urdiales, Pancho Avilán y Ángel Robles, nos transportamos a una época romántica, sufrida y llena de sacrificios: los primeros pasos del Club de Futbol Monterrey en Primera División, la década de los sesenta.

Jorge Urdiales, actual Presidente del Club, recordó con nostalgia como su padre, Leopoldo Urdiales (uno de los fundadores del Monterrey) se vio en la necesidad de vender vacas para poder enviar al equipo a jugar a Querétaro y otros lugares que, por la época, eran de difícil acceso si se provenía del norte de México.

Rayados entrenaba donde podía. A veces en las canchas llaneras del Río Santa Catarina, atrás del Hospital Civil o hasta en el CUM. La afición de la Ciudad, enamorada del Beísbol, poca atención prestaba a una oncena de locos que,  en pantaloncillo corto, pateaban pelotas para incrustarlas en el arco.

Las condiciones del juego eran totalmente distintas. Los balones de la época, fabricados con cuero, se volvían piedras al momento de entrar en contacto con el agua o el lodo, castigando sin clemencia los pies de los que tiraban y las manos de quienes atajaban.  Las camisetas eran confeccionadas en “Cabeza de Indio”, una tela resistente pero sumamente incómoda, que los propios jugadores debían lavar y planchar hasta el final del torneo, pues no había para repuestos.

Por su parte, Francisco Avilán recordó las penurias económicas del Club, que iban desde un escaso sueldo a los jugadores a la organización de rifas para buscar recursos que ayudaran a solventar, en parte, la difícil situación financiera del Monterrey, que comenzaba a dar pelea a gigantes como el América y el “Campeonísimo” Guadalajara, mandones de la época.

También fueron recordados los apasionantes clásicos que tenían lugar contra los Jabatos de Nuevo León. Antes de que Tigres irrumpiera la Primera División, fue la “Piara Salvaje” la que se disputaba el orgullo de la Ciudad contra el Monterrey, que empezaba a registrar sus primeros llenos en el Tecnológico.

Nombres como el de Jesús “La Chuta” Medina, Arnulfo Avilán, Roberto Scarone, Claudo Lostanou y el “Chato” Bautista, además del “Capi” Lama y el “Catán” Liñan (presentes en el Auditorio) fueron pronunciados con la admiración que merecen los precursores del fútbol nuevoleonés, los decanos de la pasión que hoy corre por nuestras venas, huella imborrable en la Ciudad y herencia de miles de regiomontanos que, a través de 66 años de historia, han convertido al Club de Fútbol Monterrey en una forma de vida.

Viva nuestra historia, viva el futbol. Arriba el Monterrey.

 

Comentarios

  1. Excelente, yo alcance a ir, estuvo muy interesante la platica y en momentos las anecdotas estuvieron muy divertidas del los principios del club de futbol.

    El dato de que el Monterrey estreno el Universitario se me hizo bastante interesante.

    Saludos a todos!!

    Memo.

  2. Juan Muñoz dice:

    Buena columna hermano.

  3. Estuvo buenísimo, el momento en que apareció el Catán, jugador de los 50s fué muy emotivo. Luego ver ahí cerca a Ernesto Flores, Lama, Avilán muy chido. Deberían de hacer más cosas así. Me imagino que con el posible museo en el estadio debería de haber este tipo de eventos.

  4. Arechiga_sandra dice:

    Bellísimo y nostálgico  evento el de anoche que nos hace sentir más orgullosos de ser “rayados”,bien que se escriba sobre estos eventos con tanto sentimiento y amor a los colores.