Rayados: Sin Futbol

Fue a finales del año pasado, al darse la eliminación en fase regular y quedarnos por primera vez sin liguilla en varios años, que me di cuenta de la importancia que tiene el futbol  en la vida diaria para muchos de nosotros. Mientras salía de la escuela y me dirigía al estacionamiento, vi aquel anuncio panorámico que todos conocemos a las afueras del Tec, con un lema sencillo, pero que a su vez encierra un verdadero cuestionamiento cargado de profundidad y reflexión. ¿Qué haríamos sin futbol?

Puede parecer exagerado, pero la realidad es que todos alguna vez hemos planificado nuestra agenda semanal en base al futbol, ya sea liga local, concacaf o partidos de ligas europeas. Hoy el futbol está en pausa, quedando solo los partidos amistosos y partidos de poca calidad como triste consuelo para las pasiones desbordadas de semanas anteriores.

Y si bien siempre hay alternativas para ver dentro de tantos canales dedicados a la transmisión de eventos deportivos, para los que tenemos como tradición el asistir al estadio, estas pausas llegan a sentirse. La rutina semanal cambia, el ciclo se detiene y es necesario encontrar nuevas formas de entretenimiento.

 El día a día cambia, no hay más charla futbolera, todo se centra en los rumores del futbol de estufa, los cuales poco emocionan. No hay las especulaciones semanales, no hay polémica, no hay previas ni hay resúmenes, pero lo verdaderamente difícil pasa al llegar el fin de semana. Un sábado sin Rayados no es sábado.

Se crea un vacío que es casi imposible de llenar, porque todos podemos encontrar formas de entretenernos el fin de semana, pero todos sabemos que lo que se vive en el estadio es muy difícil de igualar. El desahogo del estrés semanal, la emoción del gol, la pasión y la alegría a punto de ebullición.

Y dentro de esta pausa, la búsqueda de alternativas y la incertidumbre por lo que será la siguiente temporada, todos sabemos que la normalidad llegara en el momento en que los jugadores vuelvan a pisar la cancha del Estadio Tecnológico y veamos rodar el balón de nueva cuenta, y las viejas tribunas vuelvan a vibrar al ritmo de los miles de corazones rayados.

Sin futbol, la vida no se detiene, pero si se hace más lenta.

Foto: Mufo