Rayados: A primera vista

Si la memoria no me falla, he de haber tenido unos 6 años cuando, por primera vez, sentí ese desagrado que todas las criaturas sienten por ciertos individuos, a veces de su misma especie, a veces de otra distinta por la simple razón de poder; libre albedrío de elegir a quién se ama y a quién se odia. Odio a primera vista, me atrevería a llamarle.

Sí, aquel chiquillo en el recreo que te caía mal por todo y por nada y era algo que simplemente pasaba. Los años fueron corriendo y se iba madurando el carácter pero esto seguía sucediendo con entes distintos. Sin duda, debe haber una explicación científica que desconozco; tal vez en animales más primitivos sea el olor, el lenguaje corporal, no sé… Sólo sé que sucede.

Posiblemente no todos ustedes comulguen conmigo pero desde muy adentro, en mis entrañas, siento un particular desprecio por el equipo de la Laguna, de hecho creo que lo desprecio aún más que al mismo gaterío sinérgico. ¿Será por cómo han tratado a los nuestros cuando vamos de visita? ¿O, tal vez, esta creciente rivalidad en partidos clave que los del otro lado del Santa Catarina no nos han podido ofrecer? ¿Será que su mismo capitán me causa repulsión desde que vistiera rayas rojas en lugar de verdes? No lo sé y, francamente, no me interesa saber la causa, simplemente sé que, de toda la liga, es el equipo que desprecio.

El repudio de su gente es recíproco por los nuestros. No es fácil olvidar las imágenes de las porras albiazules siendo gaseadas en los autobuses, tampoco es fácil olvidar que nos ganaron el pleito por la quinta estrella y que su sueño más grande es tener un clásico contra los regios y no contra los hijos de amarillo, sino con el padre que viste de rayas azules.

En una temporada muy mejorable para la raya, llegó el momento de enfrentarlos en casa. Tras un largo descanso, los nuestros visten el de gala para enfrentarse en un pleito campal por la victoria sobre la grama sagrada de Bellas Artes. Es un punto de quiebre que definirá el resto de la temporada pero, además, es una victoria que inundará el alma de orgullo.

Esto no es un grito de guerra para la tribuna, porque la hinchada rayada somos mucho más que un pleito de calle, somos la voz que grita y apoya a un equipo que ha demostrado tener mucho corazón. Somos el espíritu sediento de victoria que hace latir ese corazón azul y blanco. ¡Desgarremos las gargantas y que despierte el corazón! ¡Vamos, Rayados! Déjame tomar una foto cuando se vayan a Laguna… tú ya sabes cómo.

 

Foto| espndeportes.com