Rayados: Una charla informal previo al #Clásico101

Twitter| @ArtGonB

Ayer platicaba con Javier Marini, reportero del periódico más importante de la ciudad, sobre todo aquello que hace feliz a los aficionados de Monterrey y Tigres. Se encontraba sentado en aquel parque donde se postra cada noche de miércoles para aventar migajas a las palomas, leer una buena novela y ver de reojo a todas aquellas jovencitas que salen a ejercitarse.

Me acerco a él…

– ¿Contento por la noticia?- Me dice con una falsa sonrisa.

– ¿Y cómo no estarlo? – Replico un tanto emocionado.

El trabajo en días de clásico es mayor. Los periodistas tienen la excusa perfecta para sacar notas de cualquier tipo en busca de llenar los espacios que en días normales también llenan, pero sin mucho éxito de interés. Ellos saben que todo lo referente al Clásico Regio se consume aquí.

Por ejemplo, es noticia si los aficionados entierran una gallina para “embrujar” al equipo contrario, si rentan un camello para pasearlo por las calles o si le tiran piedras como descerebrados a los autos que pasan por la avenida.

– El Clásico Regio ha perdido verdadero coraje deportivo dentro y fuera del campo- me dice Javier.

Muy en el fondo, aunque no quiera aceptarlo, parece ser una realidad. En la radio y la televisión escuchamos entrevistas previas al gran partido con jugadores que ni siquiera juegan o que no cuentan con las suficientes credenciales ante la afición. Y los que sí las tienen, prefieren comentar timoratos sobre una verdad absoluta, pero que casi nadie quiere oír: Los últimos clásicos han sido aburridos.

Tratando de buscar algo de emoción en Javier, quien vivió aquellos clásicos de antaño, le comento un poco exaltado:

– El que sea un clásico de copa no lo hace menos importante. Ambas instituciones saben que un partido así no se puede perder. Menos en fases finales.

– Da igual, el que pierda dirá que es un torneo sin importancia, quita-tiempo… .- Me dice Javier con tranquilidad, como si todos sus años de trayectoria le dieran un alto grado de credibilidad a sus palabras. De alguna forma, parece que él también se ha contagiado del ambiente general.

La charla ni siquiera se vuelve muy extensa. Decido irme a casa, me despido de Javier y tomo el metro tratando de imaginar qué aspectos harán del Clásico 101 algo inolvidable.