Expresión Rayados: Tú y tu salvaje obsesión

Por: Miguel Guerrero

Twitter| @MigueleGuerrero

“Va a cobrar el tiro libre Luis Pérez. Ervitti burlonamente mide los pasos de la barrera. Es el minuto 94. Viene el tiro…. y gol del Monterrey”

Sí, después de que injustamente nos habían empatado en el minuto 90, logramos el triunfo en el minuto 94. En aquel entonces se empezaban a instaurar las “exclusivas” por sky, y ese juego tuve que oírlo por radio. Probablemente escuchar al narrador local gritar hacia adentro el gol de nuestro futuro capitán, me empezaba a dar una idea de qué grado de rivalidad sienten hacia nosotros. Irónicamente ese juego, que para nosotros era una tarde cualquiera, contra un rival cualquiera, se convirtió, gracias a la emotividad del desenlace, en el juego que nos daría el primer impulso para llegar al campeonato del 2003.

¿En qué momento nos convertimos en sus archirrivales odiados? No tengo idea, pero sospecho que desde que en esa ciudad compraron la franquicia del Ángeles de Puebla, para ganar así, merecida y deportivamente (estas últimas dos palabras las iba a entrecomillar, pero no quería ser tan evidente en que no estoy hablando en serio), su ascenso a Primera División, después de años de fracasos entre sus Diablos Blancos y el Torreón original.

Tuvieron que tomar el manual de Carreño de los equipos pequeños de futbol, escoger al equipo que les inspirara lo contrario a su estilo, en este caso, el trabajo y la lucha desde abajo, escalando posiciones sin regalos ni limosnas, ascendiendo con tropiezos, pero no permitiéndose regresar a la segunda división, representando a una sociedad igual o más trabajadora que el equipo, y escogieron al Club Monterrey.

Lamentablemente nosotros ya teníamos a alguien. Alguien que llenaba esa parte de nuestra esencia, alguien que también compró una franquicia (pero al menos la compró para jugar en segunda división), y tuvieron que conformarse con ser los segundos. Aun así, es un gran mérito para ellos aguantar nuestra indiferencia, y seguir viéndonos a la cara con los ojos rojos.

No me pesa aceptar que son un buen equipo. Pero realmente la parte fuerte de nuestra rivalidad se ha dado por las posiciones de privilegio que hemos tenido en estos años recientes y que nos han permitido jugar partidos realmente importantes. Y en los importantes, aunque les pese, tenemos nuestro saldo a favor.

Cuatro finales jugadas. Tres para los de rayas verticales azul y blanco, una para los de rayas verdes que tradicionalmente son horizontales y en sus uniformes conmemorativos son verticales. De esas tres que les hemos ganado, una la logramos en su inexpugnable, impenetrable, increíblemente blindada cancha donde nunca en su gloriosa historia de finales (4 ganadas y 7 perdidas) habían sido superados.

Y de las otras dos, dicen que una imagen vale más que mil palabras. Recordemos la imagen de esa noche del 2010 con Suazo corriendo y gritando hacia la herradura después de bombear el balón en esa jugada imposible de olvidar. ¿Ya la recuerdas? Ahora ponle play de nuevo y pon atención a la pregunta. ¿Qué estaba haciendo el capitán lagunero en ese justo instante?

La respuesta, hincado frente al 26, tratando de entender qué había pasado. ¿Y de la del 1 de Mayo de este año? Qué mejor imagen que recordar al hermano de Toño con el banderín del corner de numerado cruz con general gritando efusivamente el gol de la remontada, ese banderín que fue el testigo que vio mas de cerca si la pelota estaba o no dentro del cuarto de círculo antes de que Neri cobrara el corner para el 2-0 de la final de liga.

Si, señores laguneros, sabemos y estamos conscientes de la rivalidad que tienen con nosotros. De nuestra parte, mientras sea en juegos importantes, cuenten con que seremos recíprocos.

No se obsesionen con creer que un juego de temporada regular contra ustedes merece que nosotros lo llamemos clásico.

Saludos Cordiales

 

Foto| mediotiempo