Por Mario Castillejos: “Todos por igual”

Twitter: @castillejos_m

“Ni santos ni criminales, simplemente radicales”, “hay que erradicar a todas las barras del futbol” y “son unos animales, cavernícolas, asesinos”.

Sin lugar a dudas, nadie quiere ver más actos de violencia en los estadios. Sin lugar a dudas, es un problema que debemos solucionar ya.

Pero antes de dictar sentencias o proponer drásticas acciones, nadie y, reitero, nadie tiene derecho a tratar esta situación de manera discriminatoria, mucho menos cuando, paradójicamente, los propios actos de segregación que atentan contra la igualdad son el detonante del problema.

Para los sedientos de paz, aquí, el fin no justifica los medios, Y esto porque en nuestra Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación se prohíbe “toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales o cualquier otra, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas”.

Señores, esto es un problema de individuos, es un problema social. Las barras fungen como una vía de escape, una salida o un espacio de protección para todos esos jóvenes que buscan lo que no encuentran en casa: afecto y fraternidad.

Y si por un lado tenemos la disfunción familiar, la pobreza, la falta de oportunidades, la búsqueda de identidad y, por el otro, la “hombría, la masculinidad y el aguante” como elementos de vinculación, ¿en qué puede derivar un juego de futbol que emula una situación bélica?

“Metido en la barra, el humillado se hace humillante y da miedo el miedoso. La omnipotencia del domingo conjura la vida obediente del resto de la semana, la cama sin deseo, el empleo sin vocación o el ningún empleo: liberado por un día, el fanático tiene mucho que vengar”. Eduardo Galeano.

Ahora sí, ¿qué vamos a hacer?: ¿impedir la entrada a los prietitos, los fachosos, los tatuados, los jodidos?

Directivos, federativos y representantes del orden público, si quieren arreglar el problema de la violencia en los estadios empiecen por tratar a todos por igual. ¿No cree usted?

PD: “¿En qué se parece el futbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”. Eduardo Galeano.

Lo escrito, escrito está.

Mario Castillejos
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