Rayados del Monterrey: La Nación Rayada

Con las fiestas patrias surge lo más puro de nuestro ser, ese espíritu nacional que nos invade y hace que por lo menos, ese día se nos olvide todo lo malo. México se convierte en el lugar más maravilloso del mundo y nada ni nadie nos puede arruinar la fiesta, los detalles quedan de lado y solo hay un objetivo, celebrar nuestra fiesta, la fiesta que nos une y nos identifica como lo que somos.

El concepto de “nación” suele tener varios significados. En el aspecto político administrativo-jurídico, la nación se refiere al ente administrativo en el que reside la soberanía del Estado, eso que te otorga un reconocimiento internacional y sus respectivos derechos, sin embargo, en el campo de la sociología y las humanidades, la “nación” tiene un significado menos tangible, y sin embargo, mas descriptivo. Bajo este concepto, una nación es el conjunto de costumbres, ideales, y aspectos en común dentro de un grupo de personas, no definido en un aspecto político, sino más en el aspecto cultural de identificación. Tenemos entonces países como Canadá, que dentro de su multiculturalidad se definen como un Estado conformado por naciones.

Este tema es interesante, pues se toma que el concepto de nacionalidad es algo que emerge, no algo que se aplica externamente.

Han pasado ya varios días del clásico regio, y los efectos aun están latentes, esta demás el decir que fue un gran partido, donde ambos equipos se brindaron al público, y el público hizo lo mismo hacia ellos. El efecto de partidos como este es enorme, sin embargo, es común leer y escuchar cómo se cataloga denigrantemente como un clásico local, como un partido sin mayor efecto a nivel nacional, y que está lejos del llamado “clásico nacional”.

En nuestro espíritu “provinciano” se nos tilda de agrandar un partido sin mayor importancia. ¿Es esto cierto? ¿Será que lo que para nosotros lo es todo, para ello es nada? Y en contra parte, ¿qué efecto tiene el llamado clásico nacional en los aficionados regios?

El mayor efecto del clásico regio es precisamente el de unirnos, es uno de nuestros rasgos distintivos, es nuestra fiesta, es nuestra alegría o frustración, parafraseando a Juan Villoro, los equipos son los once de la tribu que nos representan.

Es cierto, quizás nuestros equipos no sean los más llamativos a nivel país, pero ¿Qué es lo que hace grande o importante a una institución? Las directivas regias se caracterizan por su solvencia, los equipos regios son los únicos que jornada tras jornada, llenan a su totalidad el aforo en el que se presentan, aunado a esto, están los Pago por Evento, los restaurantes o bares, y cualquier otro lugar donde se observa el partido y que siempre lucen abarrotados, entonces surge la duda ¿Es necesario ser nacional para ser importante?

Quizás hemos entendido mal el concepto de nación, quizás el verdadero clásico nacional es el Monterrey vs Tigres, quizás no somos parte de la nación que nos venden por televisión, la que nos impone a otros equipos y otras ideas como las mejores, quizás nuestra nación es otra.

No necesitamos calificativos, no necesitamos un reconocimiento, no nos importa si hablan o no de nosotros, esa es y ha sido la realidad de nuestra historia, la historia de la Ciudad de Monterrey, la historia del Club de Futbol Monterrey. Siempre forjando nuestra propia historia, a la sombra y el olvido de los intereses “nacionales”. El valor de nuestro clásico es puro, es real, tangible y medible, jamás ha necesitado de intereses externos para darle valor, pues este emerge de nosotros mismos.

Puede ser que algún día nuestro clásico mueva al resto del país, por lo pronto, nos quedamos con el clásico mas pasional, con el clásico más real, con el clásico más honesto y puro, pero sobre todo, con lo verdaderamente nuestro.

El pasado sábado y como cada torneo, nuestro clásico se convirtió en una fiesta, en eso que hace que nuestra verdadera naturaleza se muestre, lo más puro que hay en nosotros, eso que hace que todo lo demás se nos olvide, nuestro clásico, el verdadero clásico nacional, el de la nación regia, la nación rayada, nuestra verdadera nación.

Foto| Mufo Salinas