Rayados de Monterrey : La victoria en una imagen

A veces cuando uno intenta plasmar una historia escrita, la materia prima viene de las imágenes. Y la mía es una donde es de noche. Bien negra la noche. Y donde también se ve el techo de un estadio, que está iluminado por sus enormes focos que apuntan hacia una cancha de futbol. Bien verde la cancha de futbol.

Ahí, en esa cancha, juegan dos equipos por el pase a una semifinal. Uno es de Guadalajara y otro es de Monterrey. Se llaman Atlas y Monterrey.

En esa imagen que tengo –y la tendré para siempre- un grupo de inconformes grita el segundo gol del último día de noviembre. Son futbolistas que juegan para el equipo de Monterrey. Ese equipo es el que, en el guión y en los pronósticos y en las suposiciones, era el que tenía que perder ante el otro equipo. Era.

En la misma imagen hay un sonido que reproduce la misma. Sí. Es el mismo silencio que invadió todas las zonas del Estadio Jalisco al caer el minuto 70.

Ese silencio es el sonido cuando las desgracias aparecen en algunos momentos determinados de nuestras vidas. Entonces es oportuno y lógico, que ese silencio se apodere de medio Jalisco y que refleje la resignación de esperar un año más –de los 63 vividos- esperando por un título de liga, para los aficionados tapatíos.

Volvamos. El silencio fue idea de los 45 mil aficionados que asistieron esa noche, a esa cancha y con esos equipos. Bueno, mejor dicho: el silencio fue idea de 11 hombres, un cuerpo técnico y aproximadamente 500 aficionados, que son parte de ese grupo de inconformes. Todos ellos de azul y blanco.

En esa imagen se ve al grupo de Rayados festejar el segundo gol de la noche. Se ve al Chispa Velarde gritar como enajenado y volteando hacia su afición. Se ve a Lucas Silva abrazar a quien se le ponga enfrente para festejar una prueba más superada.

También se ve a un Dorlan Pabón emprender un enorme salto hacia la espalda de uno de sus compañeros para festejar la anotación. Quizá ese compañero sea Hiram Mier.

Otro de los que participan en esta imagen, es Jesús Zavala que grita al mismo tiempo, que replica una sonrisa de satisfacción y alivio al vencer a este rival. Y también se distingue una larga melena que asoma en este grupo de inconformes. Es la cabellera del colombiano Medina.

Y al fondo de esta imagen están ellos, pobrecitos de ellos, todos en silencio y con la eterna frustración que nace después de la segunda guerra mundial: en el año 51, fue la última y única vez, que se han dado el gusto que nosotros nos dimos en el 86, 2003, 2009 y 2010.

Esa imagen es una más que tiene como destino el baúl de los recuerdos para nosotros los Rayados. Porque esa imagen es la prueba de que, alguna de las tantas veces, fuimos en contra del destino y de los pronósticos. Porque este equipo –el de los colores del cielo- se ha mostrado muchas veces inconforme con el futuro. Y ayer, un grupo de 11 hombres hicieron el partido que había que hacer para torcer las fuerzas del destino.

Seamos sinceros también. Este equipo cambia totalmente cuando está el chico que está brincando en esta imagen: el colombiano Pabón es una máquina de movilidad que inquieta a las defensas rivales con sólo presentarse en cualquier cancha. Y ayer fue determinante para la histórica gesta albiazul.

Nuestra memoria está hecha de imágenes. Muy difícilmente podremos olvidarlas. Porque hubo aficionados que percibían la derrota y el fracaso de Barra y compañía. Pero otros más, quedamos incrédulos ante la trascendencia del equipo en la noche de ayer.

Había que tenerlos muy grandes para revertir la historia. Y ayer, le sumamos a la nuestra, una memoria más para saber que nunca está perdido un partido de futbol.

En la imagen no se ve la frustración de ellos y el resultado de sus derrotas. Ellos querían asesinar a los nuestros: no pudieron.

Pero hay algo que no logro entender: si en 63 años vivieron tantas derrotas, ¿por qué aún siguen sin saber perder?

Mi glorioso y eterno Monterrey.Por @rodrigoloza12