Rayados un equipo líquido

Ya no son los pelotazos para ver que hacen los de arriba, ya no es amontonar más gente atrás para evitar ser vulnerados, ahora…cada vez que veo una jugada de esas planetarias y que después terminan en gol, un adjetivo se suicida, con lo que la muerte de los adjetivos suicidados alcanza un tamaño formidable, hasta el punto que el diccionario anda lanzando señales de socorro.

La misma suerte están corriendo los conocidos adverbios de tiempo, lugar y cantidad desde que FM, Cardona, y Pabón decidieran cambiar la oración completa del juego. Y no digamos los pronombres, temerosos de un Sánchez y Ayovi, capaz de conjugar los posesivos con los indefinidos sin el menor rubor.

La mirada tradicional con el que veíamos nuestro fútbol ya no sirve para desmenuzar al equipo de Antonio, hoy, estamos obligados a cambiar de ojos para comprender lo que está sucediendo, no sea que nos quedemos ciegos por no ver la realidad del cambio histórico que está sugiriendo nuestro equipo en la liga. No me puedo limitar a mencionar esto solamente por sus triunfos imprescindibles como gasolina del cambio, sino el modo de jugar, la metamorfosis incesante que generan estos jugadores, el derribo de murallas tópicos e ideas preconcebidas como el físico, el músculo, los especialistas o los complementos, arrasado todo por la potencia del fluido.

Rayados, este 2016 decidió hacerse líquido para burlar todas las presas y compuertas que existen en nuestra liga. Hacerse agua para escurrirse entre los dedos del equipo rival. Ya no es ese equipo largo y endeble que se doblaba con cierta situación adversa, sino la propia ausencia de forma, la desaparición del cuerpo, es puro escapismo sobre el césped.

Leyendo un poco sobre la modernidad líquida encontré que las identidades han dejado de ser sólidas en tanto que soluciones permanentes y definitivas, transformándose en un cambio constante de forma. De ahí que tomo el concepto de un ‘Rayados líquido’, alejado de criterios inamovibles y bases sólidas, pues parece haber adoptado la ingravidez como paradigma de la alquimia única e inédita que no hayamos visto.

Consciente que con la vocación ofensiva y los conceptos básicos del juego no le bastaban para superar los obstáculos que, día a día, crecen y se multiplican, este equipo fue diseñado para optar en esa búsqueda de la fluidez, y hasta ahora, todas las decisiones adoptadas caminan en dicha dirección: abandono de la solidez, desaparición de formas clásicas, apuesta por el equipo líquido, del que no se adivina ni su principio ni su final, ni quien es quien, a veces 4-4-2, otras un contundente 4-3-3. Donde todo es disimulo y nada es lo que parece, ni el portero ni el extremo, ni el lateral ni el goleador. Equipo impostor que parece una cosa y hace la contraría: sin gente en las áreas, golea y se defiende mejor que cualquiera. Carente de forma reconocible, su fluidez le hace huir de los dibujos estáticos y las formas definibles, consiguiendo que el contrario no pueda atrapar nunca ese fantasma en forma de agua que se desliza entre las manos sin hacer ruido, casi sin mojar.

Esta es la apuesta que se está jugando, puede ganar o no pero de que funciona, al menos con esta muestra a la ya casi mitad del torneo nos da esa probadita de lo que se puede llegar a lograr. Un Rayados escurridizo, amorfo y con una corriente entre sus líneas capaces de apagar el más ardiente de los fuegos.

By @Orlix77