El histórico Bahía

Hace 25 años, un balón caía del cielo cerca del manchón penal de una portería del Estadio Tecnológico. Un jugador vestido a rayas azules y blancas, controló la trayectoria de la pelota con un toque suave y, de espaldas al arco, escribió una historia. Un salto, una acrobacia irreversible, un remate de chilena que unió al balón y la red: es la historia del gol más bello que se recuerde en un Clásico Regiomontano. Ese gol que anotó Mario de Souza Mota “Bahía”, enfiló a los Rayados marcador de 4-1.

Nadie ha hecho más goles que Bahía en la historia de los Clásicos Regios. Sus once anotaciones en los duelos fraternales y 96 en total con la camiseta del Monterrey, dan fe de esa habilidad casi esotérica que tenía el brasileño para despachar a defensas y guardametas. Por eso la gente lo recuerda: sus goles se anidaron no sólo en las redes rivales, sino también en la memoria del club y sus seguidores.

“Es bastante lindo seguir siendo recordado como uno de los más grandes porque llegué como un joven desconocido al club y con mucho trabajo y sacrificio pude hacer mi nombre en el fútbol mexicano”.

Bahía fue un virtuoso del balón, ídolo y pieza clave del equipo en los 80`s y 90`s. Como pocos, era capaz de lograr con las piernas lo que la imaginación no puede concebir. Pero a pesar del éxito, siempre se distinguió por su humildad y calidez humana.

“Creo que lo que más disfrute como jugador de este club fueron las amistades que hicimos en equipo. Éramos una familia, un grupo muy unido dentro y fuera de la cancha, y esa cercanía con mis otros compañeros fue de lo más bonito que viví como jugador albiazul”.

El destino lo hizo artífice del campeonato del 86, el primero en la historia del Club y del que este mes se conmemoran 30 años, el 1 de marzo.

“Los estadios en Tampico y en Monterrey (durante la final) estaban a reventar, la afición de Rayados apoyaba incondicionalmente al equipo. Claro que en Monterrey el equipo era más cardíaco porque teníamos que meter dos goles a Tampico”.

Monterrey conquistó el título con sus goles, los de Güeldini y el “Abuelo” Cruz, comandados por Francisco Avilán. Rayados daba por fin la vuelta olímpica en casa y la afición, orgullosa de su equipo, comprendía que la épica era posible en este deporte, en esta ciudad.

“El recuerdo más grato de este campeonato fue la convivencia con la afición albiazul. Cantábamos, platicábamos y nos tomábamos fotos en el hotel, siempre estaban cerca de nosotros. También nos visitaban en el Cerrito, había mucha confianza entre los aficionados y nosotros. Yo creo que fue esa confianza mutua la que nos llevó a Tampico”.

La huella que dejó en el club sigue vigente. Radicado en la ciudad, la gente lo saluda en las calles y le pide una foto o un autógrafo, aún tantos años después de haber dejado las canchas. Y no es para menos: el azul y blanco fueron los únicos colores que portó como delantero en México.

“Mi amor para Rayados es para toda la vida. Fue el único equipo con el que jugué en México. Nunca me dejaron salir y tengo un amor inexplicable para esta institución”.

Bahía legó historia. Sus actuaciones y logros quedarán para siempre en el imaginario colectivo de la afición. Artista de las canchas, interpretó el futbol como un medio para desafiar al olvido y, a base de goles, se hizo de un lugar en la memoria del club.

Twitter: @mauricio_goc