Tanto amor, tanto dolor

Por : Eduardo Shabot

Twitter : @EShabot17

“¿Cómo vas a saber lo que es el dolor, si nunca has visto a tu equipo perder en el último minuto?” 

No hay palabras para describir lo que sentimos toda la familia rayada este pasado domingo, cuando todas nuestras esperanzas desaparecieron en un minuto dejándonos atónitos sin entender que estaba sucediendo.

El ambiente era único, el mosaico ponía la piel chinita a todo espectador, 53,000 personas cantaban al unísono apoyando a un equipo que había entrado cada vez más fuerte en los corazones de los hinchas rayados, 53,000 personas unidas por un mismo sentimiento, cantando en busca de una alegría en particular, una misma pasión que día con día nos hace ilusionarnos, eso es lo que es Rayados, un amor que une personas, convirtiéndolas por 90 minutos cada semana, en hermanos con un mismo objetivo.

El partido no fue lo que esperábamos, Cardona desapareció después del penal, la ofensiva no se cansó de fallar, la ausencia de Sánchez empezó a pesar y finalmente una distracción terminó con un sueño que muchos nos negamos a creer.

En ese momento una pesadilla invadió al Estadio BBVA, miles de personas saliendo del Gigante de Acero entre lagrimas, rostros de impotencia, enojo, todos pensando en lo mismo: la quinta estrella se nos volvió a ir de las manos y de la peor manera posible. Realmente estábamos viviendo una pesadilla.

Lo que sentimos cada uno de los aficionados rayados es inexplicable, la gente dice que es sólo un juego mientras nos toca llorar, gritar y mantenernos a solas intentando calmar ese sentimiento de impotencia que nadie puede entender, que nadie tendría porque entender.

La gente me dice “Levanta la cara, tu equipo jugó mejor” y lo único que puedo pensar es en el vacío y la ilusión desaparecida en cuestión de segundos.

Duele, claro que duele, pero ese dolor es un reflejo del amor que le tenemos a este equipo; este club nos hizo gritar tan fuerte con el penal de Cardona frente al América, que la narración en televisión casi no se escucha, esta Pandilla nos cautivo con su estilo de juego y goles excepcionales, este equipo remontó cuando lo tuvo que hacer y mantuvo la calma cuando era necesario y a pesar de eso, en cuestión de instantes el sueño terminó, haciéndonos pensar por un momento si tanto dolor vale la pena.

Vivimos uno de los capítulos más tristes de nuestra historia y en verdad fue muy doloroso, sin embargo hay que procesar lo sucedido y levantarnos, pronto nos tocará estar del otro lado y la alegría será todavía mayor; confío en este equipo y confío en que pronto lograremos ese título que tanto merecemos.

Hay que seguir apoyando pero no por el hecho de decir que siempre estamos ahí, hay que hacerlo por lo que sentimos por el equipo, por lo que representa para nosotros. No hay que demostrarle nada a nadie, si por ahora no quiere alguien escuchar nada de Rayados por el dolor que provoca esta bien, es una actitud que demuestra el amor que se le tiene a esta institución y lo que duele perder así una final.

Siempre estaremos para el equipo, SIEMPRE, pero todos, absolutamente todos, necesitamos alguna forma de calmar esta angustia que con el tiempo únicamente nos fortalecerá.

Para poder sufrir tanto como lo hicimos hay que saber amar tanto como lo hacemos.

¡Vamos Rayados, nunca jugarán solos!