Rayados del Monterrey : ‘El triunfo’

Los Rayados han hecho un torneo para la historia del propio club. Desde que yo sigo a este bello deporte a través de mi equipo no recuerdo una temporada tan triunfal. Nunca había presenciado, por ejemplo, un récord de 12 goles permitidos, si mal no recuerdo…nunca se había tenido esta pequeña cifra de goles anidados en nuestra red.

Aunado a las buenas labores en fase defensiva, el equilibrio se ha manifestado al ser el equipo más goleador del torneo. No hay mejor escenario que el de atacar mucho y ser poco atacado.

Pero yo quisiera ir más allá de los próximos 5 minutos, decía mi buen amigo Pedro Luna que no hay mejor cosa que apreciar la inmensidad del océano y no solamente limitarse a ver la ola que crudamente se estampa con la arena.

Hoy quisiera plantear una reflexión ante este impresionante torneo que hemos tenido. ¿Disfrutamos las victorias o simplemente nos las devoramos precipitadamente de golpe?

En esta vida de prisas, tan inmediata que todo lo queremos ver a un solo clic pero nos hemos olvidado de la cultura del triunfo, de su esencia. Nos hemos convertido en asesinos del éxito. Nada importa, salvo el triunfo. No solamente dudamos sobre qué medios se emplean para obtener los fines, sino algo mucho más profundo: detestamos todo cuanto no sea el triunfo. O si lo desciframos a nuestro mundo, el campeonato absoluto. Somos fundamentalistas del éxito y todo lo demás no vale. Ni el que se esfuerza, ni el que pierde. Ni las razones por las que perdió. Las desechamos de inmediato, triturándolas a la categoría de excusas. No importa si son razones contundentes, no las queremos escuchar. Triunfo, triunfo…triunfo. Y cuanto más triunfo, más fútil es el propio triunfo, hasta el punto que ninguno de ellos acaba por satisfacernos. Acabamos siendo bulímicos del triunfo: devoramos victorias, ni siquiera las disfrutamos.

No solo nos llenemos los ojos de historiales repletos de cifras exitosas como las que hemos obtenido. Que también nos resulte suficiente y parezca necesario el triunfo silencioso…ese que poco valor se le da pero que es la base de todo.

Amigo rayado, no seamos pendejos si al final del camino no logramos ese triunfo anhelado (título). No seamos estúpidos si solo elegimos el campeonato como vara única de medir, a sabiendas que eso nos condena a un fracaso previsible. La victoria, el éxito, el dinero o la fama, da igual el nombre que le demos al triunfo. Bien sabemos que es un bien escaso que lo hemos convertido en objetivo único. Somos 17 equipos los que iniciamos la escalada y sabemos de sobra que en la cima solo hay sitio para uno y, sin embargo, seguimos ciegos ante esta realidad y supeditamos ilusiones, esfuerzos y esperanzas.

Por supuesto que hay que luchar. Hay que pretender lo imposible. Rechacemos al temeroso que se entrega a medias en su lucha. Pero no seamos necios al valorar exclusivamente el logro, la meta final, en lugar de otorgarle valor al camino y sus dificultades, al empeño y las mejoras alcanzadas. Incluso a la previsible derrota como estímulo para reemprender con más energía.

El triunfo no es solamente cargar un trofeo. Que nuestra vara de medir también se componga de parámetros como aprovechar el talento innato como lo fue el darle oportunidad a jóvenes con cualidades insospechadas como Jonathan González. Donde se perfeccionaron las cualidades de algunos jugadores como es el caso de Funes Mori, Nico Sánchez y Hugo González. En donde se corrigieron y minimizaron ciertas flaquezas de la idea de juego. Apreciar el trabajo que ha logrado Mohamed y su cuerpo técnico no solamente en el plano futbolístico sino en la unión y compañerismo dentro y fuera de la cancha potenciando la tenacidad, cualidad y calidad de cada uno de los jugadores.

En este caso, desde mi trinchera, soy y me siento vencedor. Porque al fin y al cabo siempre pensé que se trataba de derrotar las fronteras internas y ganarse a uno mismo y Rayados ya lo ha hecho.

Arriba el Monterrey.

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