Los Rayados contra sus demonios internos

Por: César Casillas

Twitter: @cesarcasillas_

La visita que Rayados hará este domingo a la cancha de los Diablos Rojos del Toluca, representa su primera oportunidad en el torneo para dar un golpe de autoridad y levantar la mano como candidato al título.

Los factores adversos son de sobra conocidos: la altura del Estado de México, el horario de las doce del día, las estadísticas históricas en contra y, además de todo esto, los fantasmas que no hemos podido expulsar de nuestra cabeza.

Sin embargo, estas no deberían ser excusas válidas para uno de los mejores planteles de la Liga MX.

Quiero pensar qué, después de perder una final tan importante como la del torneo pasado, el equipo está por encima de la presión que impongan estos factores. Inclusive, es bastante improbable que cualquiera de los estadios ajenos (por más infernal que lo pinten) le imponga más presión que la que padecieron en el partido de vuelta de aquella fatídica final.

Conforme se vayan dando los resultados, la hoguera en la que iniciamos ardiendo (todos) esta temporada, se ira apagando. De entre las cenizas tendremos la oportunidad de resurgir y competir con un entorno diferente, aunque con una mayor exigencia.

La banca

La confianza de que los Rayados puedan continuar con su buen torneo se fundamenta, en gran medida, por las opciones que el Turco tiene en el banquillo para este Clausura 2018.

Urretaviscaya, Carlos Sánchez y Jesús Molina son recambios envidiables, ostentosos, para el resto de la Liga MX. Esto tiene dos lecturas positivas, la primera es que son jugadores que te pueden cambiar el curso de cualquier partido, la segunda, es la competencia interna que provocan.

Un claro ejemplo de lo saludable que es tener un plantel sobrado es la “resurrección” de Alfonso González, al que la competencia lo obligó a mejorar su nivel hasta ganarse un lugar en el cuadro titular.

Además de esto, estamos pendientes de ver lo que demuestre el refuerzo argentino Lucas Albertengo, elemento que deberá “dejarlo todo” en los entrenamientos para poder merecer algunos minutos dentro de la cancha.

La hinchada

La “cura de humildad” que nos arrimaron hace dos meses fue una prueba interesante para demostrar qué tipo de afición somos y hacía donde queremos crecer.

Es indispensable la crítica al equipo, por supuesto, y los huecos en el estadio BBVA son un reflejo de la frustración que aun padece cierto sector de la afición.

Sin embargo, recordemos que somos hinchas del escudo y de los colores, no de las personas que trabajan para estos símbolos. Y que cuando los contratos de todos ellos se terminen, los colores azul y blanco seguirán en el campo de juego… y nosotros, en la tribuna, también.

Este domingo se debe ganar en el infierno para seguir exorcizando nuestros propios demonios.