Rayados de Monterrey: Los que nacimos de la Pandilla un día como hoy

“El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de cualquier cosa … pero no puede cambiar su pasión por un equipo”      -Sachieri

Hoy hace 32 años decidí ser de la Pandilla del Monterrey, una decisión que ha significado mucho en mi vida, que me ha hecho sentir todas las emociones que existen, que me ha dado alegrías y tristezas, pero por sobre todo me ha dado una IDENTIDAD en el fútbol.

En 1986, con 10 años de edad, vivía en una pequeña ciudad del Sur de Veracruz, donde solo se veia el canal 13 de Imevisión y el Canal 2 de televisa. A Pumas los tansmitía Imevisión y al Ámerica, Televisa, mis amigos de la infancia o le iban o Pumas o América, y así se formaban los equipos, las Chivas no figuraban en esa pequeña parte del país y pues había que jugar en uno de los dos, siempre jugué del lado del América, pues los Pumas eran de la chusma jajaja. No obstante lo anterior, mi origen Regio, hacia que no concordara mucho con eso pero era lo que había, porque allá, quien querría jugar en un equipo llamado Monterrey el cual no tenía ningún título y no figuraba fuera de Monterrey, yo sería el único y pues no jajaja.

Mis padres se conocieron en Monterrey y la mayoría de mis hermanos y yo, nacimos aquí mismo, luego cambiamos de residencia por trabajo de mi Papá a aquella ciudad, pero mis hermanos mayores siguieron estudiando en Monterrey.

Uno de ellos, el Rayado mayor de la familia, siempre que iba a Veracruz llevaba calcamonias o souvenirs de la Pandilla del Monterrey, y siempre me gustó la combinación de colores Azul y Blanco de todo lo que llevaba, pero lo que principalmente me gustaba de este equipo, era que llevaba el nombre de la ciudad donde había nacido, “Monterrey”, desde ahí comenzaba a sentirme identificado.  Aunado a esto, como mi padre siempre fue seguidor del fútbol de Monterrey no perdía de vista los esporádicos partidos que se jugaban aquí y eran transmitidos por TV.

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En 1986, recuerdo que mis padres fueron invitados a una fiesta donde los anfitriones eran oriundos de Tampico, Tamps. y que también les gustaba el futbol. Fue ahí donde presenciamos el primer partido de la final, en donde el Tampico-Madero nos ganó 2-1, los anfitriones festejaron mucho recuerdo. Mi papá saco el orgullo y propuso que organizaran otra fiesta para ver el partido definitivo en Monterrey, a lo que accedieron los dueños de la casa.

Ese 01 de marzo recuerdo cómo saltó y festejó mi papá el gol del empate en el global de Güeldini. Hasta hoy, creo que fue un sentimiento de orgullo y revancha la chispa que encendió mi amor para siempre con Monterrey, con los Rayados de Monterrey, pues, al ver cómo se levantaba el equipo de ese marcador adverso ante el equipo de “Los Petroleros”, los de los billetes, me sentí muy feliz.

Ya en tiempos extra, después del festejo con el gol del Abuelo Cruz, veía cómo mis padres ansiaban el termino del tiempo para coronarse. ¡Campeones! gritó mi papá cuando finalizó el partido y mi hermano llamó desde Monterrey para festejar, todo fue jubilo.

Claro, yo fui corriendo con mis amigos al parque donde jugábamos fútbol a presumirles que Monterrey había sido campeón, a presumir que el equipo de mi ciudad natal, Monterrey, había ganado su primer titulo; desde entonces accedieron a ponerle Monterrey a un equipo y ahí fue, desde ese día, donde siempre jugaría, del lado del Monterrey, del lado Azul y Blanco, del lado del equipo que me identificaba como Regio en el Sur del país.

Gracias a Dios, a partir del 2003 aproximadamente, religiosamente trato de no faltar a un sábado de fútbol y cuando puedo, incluso de visita voy a verlos.

Fue así, que partir de ese 01 de marzo de 1986, el día en el que la raza (mis amigos de la infancia) reconoció a mi Monterrey en el plano del fútbol, emergió desde adentro de mi corazón, un Rayado para siempre.

¡Arriba el Monterrey!

 

twitter: @mauricionerid

 

Fotos cortesia de prensa local