Rayados del Monterrey: El “proyecto zombi” de Mohamed

Por: César Casillas

Twitter: @cesarcasillas_

A veces es más dramática la forma de perder, que la derrota en sí.

La del día de ayer, que nos eliminó de la Copa MX en tanda de penales contra Querétaro, engloba todo.

Desde la mezquindad de la directiva rayada y su césped barato, hasta el terror de algunos jugadores a patear penales; desde la necedad del técnico por exhibir a un jugador en crisis, hasta el estadio que, semivacío, había “tirado la toalla” antes de comenzar el encuentro.

Crónica de un funeral

Ayer, Querétaro olfateó el miedo en el ambiente y buscó ansioso la serie de penales, los delanteros Rayados se fueron rodeando poco a poco de fantasmas decembrinos que evitaron cayera el gol durante los 90 minutos; cuando pitó el árbitro, la afición consideró apropiado abuchear a los jugadores… como motivación supongo (¡!), la tensión fue tanta que hasta el césped del manchón de penal se levantó para irse corriendo a esconder; Carlos Sánchez y Rogelio Funes Mori fueron cavando una profunda fosa en la que, finalmente, Antonio Mohamed empujó a Avilés Hurtado… los deudos, en procesión silenciosa, abandonaron el estadio.

Todos sabemos, incluyéndolo a él, que el “Proyecto Mohamed” murió.

Y no es por la final perdida en diciembre (Miguel Herrera perdió dos y le dieron continuidad)… es por cómo y contra quien la perdiste.

No es por la derrota ante el Puebla, puesto que el equipo sigue en zona de clasificación; es porque el único orgullo del aficionado, después de aquella derrota en la final, era estar entre los primeros lugares del torneo, hoy ya no tenemos ni siquiera eso.

No es por la eliminación de la Copa MX (a fin de cuentas se ganó la anterior), es por la crueldad innecesaria con que el destino llevó a Avilés Hurtado a fallar, otra vez, un penal decisivo para recordarnos a todos que seguimos malditos.

Si no se hubieran conjugado tantas circunstancias en el partido de ayer, la evaluación seria menos severa.

Yo era de los querían que el Turco levantara la copa, y no solo porque soy Rayado hasta la médula, sino porque me gustan las historias de éxito al estilo “Holliwoodense”; y la de Ricardo Antonio Mohamed tenía todos los ingredientes para ser una. La historia del exjugador rayado que regresa a la cantera para sacar al club de la sequía de títulos, cumpliendo así la promesa realizada a su hijo fallecido, la historia de un técnico que motivó a un grupo desesperanzado de jugadores para levantarse de la final más dolorosa en la vida de la institución.

A partir de ayer, se observa muy lejano un final feliz para esta historia.

Podemos hablar de la injusticia que representa el evaluar a un técnico por circunstancias más bien emocionales, en lugar de calificarlo con datos duros. Sin embargo, cuando el fútbol deje de ser emocional, perderá gran parte de su magia.

El futuro inmediato

Probablemente Mohamed continuará algunos encuentros más, tal vez le permitan concluir la temporada; estaremos inmersos en una especie de “The walking dead futbolístico”, donde veremos jugadores zombis corriendo tras la pelota y aficionados en la grada gritando, ocasionalmente, alguna porra, pero todos automatizados… todos con el espíritu roto.

La esperanza de una resurrección luce pequeña, sin embargo, ahí está; los resultados serán quienes marquen la velocidad con que caerá la guillotina sobre la cabeza del “Turco”.

El siguiente juego es en Torreón, después recibimos al Querétaro y visitamos a Pachuca el sábado 31 de marzo, un día antes del “Domingo de Resurrección” de la liturgia católica…

¿Tendrá Mohamed la oportunidad para levantarse de entre los muertos?