Violencia en el Clásico Regio: Adicción, fanatismo y más en medio de un balón

Por: César Casillas

El Clásico Regio 117 se tiño de sangre por la violencia en las barras bravas de ambos equipos, La Adicción y los Libres y Lokos. Me gustaría citar a Maradona y decir La pelota no se mancha. Pero hoy es complicado.

En 1996, el argentino Andrés Fassi, en su momento vicepresidente del Pachuca, trajo a México el concepto “barra brava” al impulsar al grupo de animación “Ultra Tuza”.

A partir de ahí, las barras se multiplicaron a lo largo del país; “Los de arriba” en León, “Legión 1908” de las Chivas, la “Rebel” de Pumas, la “Barra 51” de Atlas, etc.

“La Adicción” y los “Libres y Lokos” nacieron en 1998. En un contexto completamente diferente, con un Tigres recién ascendido a Primera división y un Rayados en crisis económica.

El domingo, previo al Clásico Regio 117, camiones con barristas de ambos grupos se encontraron en la Ave. Aztlan; descendieron, se provocaron y protagonizaron una batalla campal de pedradas y botellas. Cuando los Libres y Lokos quisieron huir, uno de ellos cayó al suelo y fue linchado salvajemente por un grupo de aproximadamente 10 personas pertenecientes a La Adicción.

Imágenes del cuerpo desnudo, golpeado y perforado en un costado (se presume con una botella rota), circularon con rapidez en las redes sociales.

Los videos grabados por transeúntes, muestran como barristas de La Adicción le arrojan piedras a quemarropa al cuerpo inmóvil antes de retirarse corriendo.

El barrista de Tigres fue identificado como Rodolfo Palomo y su estado es grave. Los integrantes de La Adicción no han sido detenidos. En las redes sociales, ciertas personas siguen comentando que el barrista murió, solo por así convenir al “mame”.

Lo acontecido no es fútbol. No es pasión. No es alentar. Es simple y llana dinámica de pandillas.

Cuando los Libres y Lokos aventaron piedras se asumieron como una pandilla. Cuando los integrantes de La Adicción golpeaban brutal y abusivamente a una persona sometida, se asumieron como criminales.

¿Impedirles el acceso a los estadios? ¿Erradicar a las barras bravas? No lo sé. Lo que si se, es que la violencia no se detendrá hasta tocar fondo. Ignoro si esto es lo más bajo que podemos caer.

Aun en medio de la tragedia. Muchos de nosotros no podemos evitar tomar partido en la polémica. Generalizamos. Agredimos. Hasta ese grado estamos fanatizados.

Al final, la ley deberá castigar. La sociedad tiene que aprender algo. La pelota seguirá rodando… aunque por ahora esté sucia.

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