Rayados del Monterrey: Invocar los fantasmas de la Cruz Azul

Por: César Casillas

Después de la noche mágica en Torreón, de las gargantas inflamadas frente al televisor, de los tragos recios a la cerveza, los vítores a Avilés, la devoción a “Nico” Sanchez, de los puños apuntando al cielo, enlutado por nuestros tres hinchas caídos… después de todo eso: tenemos a Rayados en semifinales.

La Pandilla avanzó con autoridad ante el que era, a mi parecer, el rival más complejo de la liguilla. Lamentablemente, las ilusiones de una Final Regia las mató el pobre desempeño del vecino el domingo a mediodía, ante unos Pumas que eran, a mi parecer, el rival más sencillo de la liguilla.

Ni modo, la venganza quedará guardada en un cajón en espera de otra liguilla o de la “Concachampions”. Como sea, donde sea, pero ojalá se dé pronto.

Mientras tanto, el destino nos vuelve a guiñar un ojo y nos coloca ante Cruz Azul, el mismo que nos quitó de las manos la Copa MX en nuestro golpeado Estadio BBVA Bancomer. Es nuestro turno de devolverle la cortesía, pisar el horrible césped del Estadio Azteca e invocar a los fantasmas azules. Exorcizando así, a nuestros propios demonios.

A ocho años del histórico gol con que Humberto Suazo definió una final contra Santos, aquel gol que supo “al cuarto” en la cancha del TEC, es hora de renovar recuerdos y sacudir el polvo de los altares.

Hora de que salten a la cancha nuevos ídolos, nombres que se eternicen en nuestro “altar rayado”. Hace falta la caprichosa vuelta con la Copa. Esa es la única verdad, la única respuesta y el único objetivo.

A minutos de la semifinal de ida contra Cruz Azul, los nervios se mezclan en la ilusión de seguir avanzando. De campeonar en cancha ajena, como lo hizo Pasarella, como lo hizo “Vuce”. De quitarles a otros un poco de lo mucho que nos ha arrebatado el fútbol… de que una estrella nos devuelva la sonrisa que colgó un sobrenatural chileno, hace ya ocho años.

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