El hambre de Rayados, dentro y fuera del campo

Por: César Casillas

El Clausura 2019 podría ser un parteaguas en la historia reciente de Rayados. Y no me refiero al exitoso arranque de torneo como líder general, de esos ya tuvimos muchos y terminamos con la decepción a cuestas; sino al cambio de actitud en la forma de renovar el plantel.

Vemos una directiva rayada agresiva, soberbia. Una institución hambrienta de ser la más cara del país; porque las estadísticas demuestran que, a nivel mundial, los equipos top son los que invierten más dinero en jugadores.

Atrás quedaron los Marlon de Jesús, hoy se buscan seleccionados mundialistas. ¿Esto es garantía de campeonar? Sin duda no, pero entre mas boletos de lotería se compren, más posibilidades hay de pegarle al “premio gordo”.

Emotividad, calidad y banca

Los Rayados de Diego Alonso son emotivos. Tienen una conexión con la tribuna cada vez mayor, rescatan los partidos a lo grande, con imponentes goles, con el tiempo encima.

El duelo del sábado ante América fue una locura. Una enrarecida pelea a machetazos ante una violenta afición sedienta de sangre. Rayados supo sacar la mejor parte y dedicar a su pueblo la cabeza cercenada del enemigo… una satisfacción, una chance de soñar.

Para esto, cuentan cada vez con más talento dentro del campo y en la banca. La reciente incorporación de Layún se sumará a la de “Maxi” Meza, al hallazgo de “Charlie” Rodríguez, y al despertar de Rogelio Funes Mori.

Y aun falta la recuperación total de Jonathan González, de “Ponchito”… las incógnitas de Barreiro y Zaldívar; el rumor-promesa de “tecatito” para junio.

Ahí están las piezas, esperemos se sepan dirigir y hacer funcionar a la hora buena.

Mientras tanto, el Estadio BBVA Bancomer va despertando, sacudiéndose los rencores y dejándose seducir de nuevo por los goles y los triunfos. Alimentando una esperanza que ojalá resista las adversidades, y no sea frágil como las burbujas de jabón de meses atrás.

El domingo, Monterrey tiene la mesa puesta ante unos Pumas que no pintan. Bien sabido es que una derrota romperá la ilusión de esta afición volátil y fácilmente inflamable. Por el contrario, una victoria seguirá inflando la burbuja, mantendrá encendida la llama, nos dará una semana más de oxigeno a los que no dejamos de alentar.

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