Recuerdos invaluables.

Por Alberto Rosales.

Corría el año de 1989, la temporada 1989-1990 estaba en curso y el equipo de la Cruz Azul visitaba la Sultana del Norte, en específico a los Rayados del Monterrey. El escenario era perfecto para que a mi señor padre se le ocurriera llevar por primera vez a un estadio de futbol a su hijo de apenas 5 años de edad, mentiría si relatara a detalle todo lo que ocurrió, pero bien dicen que las impresiones durante la niñez quedan guardadas para toda la vida, y sí, puedo dar fe y testimonio
de muchas cosas de lo que sucedió esa tarde de un sábado a las 17 horas en el estadio del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

Durante la semana mi padre me decía que si me esforzaba en mis tareas de escuela, casa y en mi conducta, el fin de semana tendría una recompensa, la cual era llevarme al estadio, contaba los días de la semana con ansiedad para que llegara el día sábado; después de una larga semana por fin llegó el tan esperado día, mi padre después de trabajar llegó a casa, nos alistamos para salir al partido, era una tradición el ir con tíos al estadio, jamás olvidaré la impresión al entrar a las gradas y ver “el verde, hermosos verde rectangular” citaría la canción de “La Ola” de Mau Mau.

Un partido trepidante de volteretas el cual terminó con un empate a 3-3, dos goles de Mario de Souza Mota “Bahía” y uno de Alberto el “Guamerú” García. Ese día vi por primera vez en vivo a mi primer ídolo Rayado, portaba el número 10 en la espalda, German Ricardo Martelotto, sus movimientos en la media cancha, su clase y la forma de tocar el balón, la manera en que daba juego y desplegaba eran de una calidad que impresionaba y flechaban a más de uno en la tribuna;
pequeños detalles que se quedan guardados en la memoria, como el hombre que corría con una bandera gigante por toda la grada de preferente, el vendedor de las revistas, la voz oficial del estadio que en cada anuncio se le escuchaba decir de una manera muy sobria por poner un ejemplo “ABACO informa, anotación del equipo de los Rayados del Monterrey, lo anotó con el número 11… Sergio Verdirame”, el concurso a medio tiempo que consistía tirar desde el manchón del tiro penal sobre una lona publicitaria del banco patrocinador, los cohetones en cada gol, ver al equipo saltar a la cancha acompañados del himno, muchas y muchas cosas que se quedan guardados como “Recuerdos Invaluables” y que te fueron formando como hincha, por eso hoy puedo dar gracias a Dios por mi abuelo que le heredó a mi padre y mi padre por consiguiente me lo heredó a mí, porque el ser Rayado tiene su onda y NO es para cualquiera, larga vida al glorioso
Club de Futbol Monterrey.

Twitter: @betogallagher.