Una afición dividida por un mismo deseo

Por Eduardo Shabot.

Conforme ha avanzado el tiempo, las aspiraciones de Rayados han ido creciendo de la mano con el poder económico, la llegada de jugadores de primer nivel, la modernidad y los títulos de CONCACAF, sin embargo, eso ha generado una exigencia mucho mayor por parte de los aficionados, quienes desean que el equipo siga colocándose como uno de los principales clubes del futbol mexicano, pero haciéndolo también con campeonatos locales.

La época dorada vivida por Tigres incrementó esa exigencia por parte de la afición, que además ha tenido que soportar momentos de amargura total como la final perdida ante Pachuca a segundos de concluir los 90 minutos, así como la final regia que terminó por ser un parteaguas en la historia actual del Monterrey, aquel que sin intención alguna ha dividido a la gente.

La frustración de ver cómo el proyecto de Antonio Mohamed no terminó por dar el resultado esperado, incluso cuando parecía ser el camino correcto, comenzó a desilusionar y desesperar a cada hincha albiazul, mientras que la llegada de Diego Alonso y su estilo de juego, aún inentendible para muchos por las diferentes formaciones, errores defensivos y desconocimiento de funciones por parte de algunos elementos, cambios en la forma de juego y especialmente falta de resultados en el torneo actual, ha terminado con la paciencia de propios y extraños que lo expresan de manera diferente.
En esta guerra que se ha creado entre mismos aficionados catalogados como “adoctrinados” para aquellos que se niegan a dejar de apoyar y alabar al Monterrey pese a los malos resultados, y los “reventadores” que no solo muestran su coraje por la falta de buen futbol, sino que se molestan ante quienes no ponen en tela de juicio el desempeño del equipo, se ha generado un intercambio de opinión y una discusión dentro del mundo rayado, donde la misma impotencia ha despertado un malestar interno.

Lo curioso es que, en el afán por querer que cambien las cosas, obteniendo en el terreno de juego a un equipo que plasme lo que vale económicamente y que sea capaz no sólo de obtener títulos, sino de generar una identidad como equipo, ambos bandos de la afición tienen el mismo objetivo; tanto los reventadores como los adoctrinados (términos que no ayudan a la situación en lo más mínimo), muestran a su diferente manera, esa urgencia de ver al equipo cambiar y dar resultados, algunos desde la nostalgia y el deseo de seguir apoyando y otros desde la ira que ha generado el estancamiento del equipo.

Cada uno tendrá sus razones y formas de expresar su frustración, molestia, tristeza e impotencia, pero lo que es un hecho que es la afición que parece estar dividida, en realidad tiene un mismo objetivo en común, ver a La Pandilla levantar la copa y comenzar una época distinguida por los logros y la identidad ganadora.

Twitter: @EShabot17